¿Qué es el autismo?
- Ithamar Martínez

- 25 mar
- 5 Min. de lectura
Historia, mitos y una nueva mirada para comprender
Durante mucho tiempo, el autismo ha sido comprendido desde marcos clínicos que lo describen como un "trastorno del neurodesarrollo", e incluso como una "condición que requiere corrección o cura". Sin embargo, estas interpretaciones no han sido estáticas, sino que han cambiado a lo largo del tiempo.
La manera en que se ha definido el autismo ha estado influida por el contexto histórico, los modelos médicos predominantes y las creencias sociales de cada época. Esto ha dado lugar a distintas formas de conceptualizarlo, muchas de ellas atravesadas por interpretaciones capacitistas.
En este apartado revisaremos cómo surgió el concepto de autismo, cuáles han sido algunos de los mitos que marcaron su comprensión y cómo ha transicionado hacia enfoques de derechos, identitarios y respetuosos a la diversidad humana.
Avance ético al cuestionar y evidenciar el legado eugenésico en el autismo.
La aparición del autismo como diagnóstico
En los años 40 aparecen dos investigadores que describen perfiles que hoy asociamos al autismo: Leo Kanner, en 1943 con un estudio sobre infancias con diferencias en la comunicación, la interacción social y los intereses. Y Hans Asperger que describía características similares pero con "lenguaje desarrollado" y habilidades particulares.
El contexto histórico de Hans Asperger
En 1944 Asperger describió la llamada "psicopatía autista" en infantes con altas capacidades, pero con "dificultades en la interacción social y conductas restringidas". Este estudio, a menudo se interpreta como una contribución pionera a la comprensión del autismo. Sin embargo, esta producción no puede analizarse independientemente de las condiciones históricas y políticas que la moldearon.
Asperger ejerció la medicina en Viena durante la anexión de Austria por el Tercer Reich, un período en el que la medicina estuvo permeada por políticas eugenésicas de "higiene racial" que legitimaron la exclusión y el exterminio de personas consideradas "indignas de vivir" (CZECH, 2018; SHEFFER, 2018).
Documentos e historiales clínicos indican que una parte significativa de las infancias evaluadas por Asperger fueron derivados a la institución Am Spiegelgrund , notoriamente involucrada en prácticas de eutanasia infantil bajo el programa Aktion T4 , lo que reveló su participación activa en la maquinaria médica al servicio del proyecto nazi de eliminar a aquellos considerados "no aptos" (CZECH, 2018).
Esta observación desafía directamente la narrativa tradicional que glorifica a Asperger como "defensor" , exponiendo la ambigüedad de ese "legado" donde contribuyó a políticas de m u e r t e.
Racionalidad biopolítica naturalizada
Las repercusiones de este pasado también son visibles en el campo de la psiquiátrica. El uso del término «síndrome de Asperger» en el DSM-IV (APA, 1994) durante décadas legitimó una categoría diagnóstica ajena a sus implicaciones históricas y éticas, reproduciendo el silenciamiento de las víctimas del régimen nazi.
Solo con la publicación del DSM-V (APA, 2013) se abolió esta nomenclatura, sustituida por un espectro unificado que reconoce diferentes niveles de apoyo. Esto representó no solo un cambio conceptual, sino también un avance ético al separar a la ciencia contemporánea de un legado eugenésico.
Puedes leer más de en: Souza, A. L. A. de, & Massuda, S. I. (2025). HANS ASPERGER Y LA HISTORIOGRAFÍA DEL AUTISMO: UN ANÁLISIS CRÍTICO DE LAS IMPLICACIONES ÉTICAS EN EL CONTEXTO EUGENISTA DEL TERCER REICH. Revista Políticas Públicas & Cidades, 14(6), e2460. https://doi.org/10.23900/2359-1552v14n6-76-2025
Una historia de hipótesis erróneas
Así, a lo largo del desarrollo histórico, no solo se han propuesto explicaciones científicas, sino también una serie de hipótesis erróneas que se difundieron en contextos de conocimiento limitado y marcos teóricos insuficientes.
En ausencia de evidencia robusta, algunas interpretaciones buscaron establecer relaciones causales simplificadas para explicar el origen del autismo.
La teoría de la “madre refrigerador”, propuesta por Bruno Bettelheim, que atribuía el autismo a patrones de crianza caracterizados por supuesta frialdad emocional. Esta hipótesis carecía de sustento empírico y fue posteriormente refutada, pero tuvo un impacto significativo en la estigmatización de las familias.
De manera similar, en 1998, Andrew Wakefield publicó un estudio que sugería una asociación entre la vacuna triple viral y el autismo. Este estudio fue posteriormente retractado debido a fraude científico, conflictos de interés y graves fallas metodológicas.
Actualmente, existe un consenso científico amplio, basado en estudios epidemiológicos a gran escala, que demuestra la ausencia de relación causal entre la vacunación y el autismo.
Ante la dificultad de comprender la variabilidad neurológica, se privilegiaron modelos explicativos que externalizaban la causa y refuerza una visión patológica.
En este contexto, a finales del siglo XX emergen enfoques alternativos que cuestionan estas interpretaciones. Entre ellos, el concepto de neurodiversidad, que plantea que estas diferencias forman parte de la variabilidad natural humana.
Este cambio implica una transición desde modelos etiológicos centrados en el déficit hacia marcos que reconocen la diversidad como un fenómeno inherente a la condición humana.
Autismo como identidad y neurotipo
El autismo es un neurotipo, donde la la identidad y las experiencias autistas no son desviaciones de una “normalidad”, sino expresiones legítimas de la diversidad humana.
Las personas autistas presentamos diferencias en diversas áreas, entre ellas:
Comunicación
Socialización
Procesamiento sensorial
Procesamientos cognitivos
Intereses profundos
Estos rasgos no son ajenos a lo humano, sino que forman parte de la diversidad de formas en que las personas perciben, procesan e interactúan con el mundo.
En este sentido:
El autismo no existe como una entidad separada de las personas. "No hay autismo" lo que existimos somos personas autistas.
Transición de un enfoque clínico a identitario
Al incorporar la perspectiva de identidad y neurodiversidad, también se transforma la práctica clínica.
En lugar de centrarse en la normalización de las personas autistas, el enfoque se desplaza hacia preguntas:
¿Cómo apoyar su bienestar?
¿Cómo respetar sus formas de comunicación?
¿Cómo crear entornos más accesibles?
Este cambio implica reconocer el autismo como parte de la diversidad humana, más que como un conjunto de déficits a corregir.
Una invitación a cuestionarnos...
La comprensión del autismo ha estado históricamente atravesada por contextos médicos, sociales, políticos y culturales.
Durante décadas predominó un modelo deficitario, en el que el autismo era entendido exclusivamente como un trastorno que debía corregirse, normalizarse o prevenirse.
En la actualidad, este panorama está cambiando.
Los movimientos de personas autistas, les investigadores autistas y los enfoques basados en derechos humanos están contribuyendo a la construcción de nuevos marcos para comprender el autismo.
Estos enfoques reconocen la diversidad neurológica como parte de la diversidad humana.
Hablar de autismo también es hablar de cómo queremos construir una sociedad donde les neurotipos puedan existir con orgullo, dignidad y bienestar.
¿Qué ha hecho resignificar tu camino autista?
¿Qué creencias has tenido que cuestionar?
Si este contenido resonó contigo, puedes compartir tus reflexiones o experiencias.


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